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Consultorio nutricional: pollo con hormonas y falta de vitamina D

Consultorio nutricional: pollo con hormonas y falta de vitamina D

¿La carne de pollo tiene hormonas y antibióticos? ¿Por qué tengo déficit de vitamina D? ¿El azúcar provoca hiperactividad? La nutricionista Beatriz Robles responde a estas y otras dudas.

¿La carne de pollo tiene hormonas y antibióticos?

A pesar de que el 86 % de los consumidores europeos está preocupado por el uso de sustancias químicas en la producción alimentaria, según datos del Eurobarómetro de 2019, la presencia de medicamentos en la carne en general, y en la de pollo en particular, no es un problema real. En la Unión Europea, la Directiva 96/22 prohíbe el empleo de hormonas para estimular el crecimiento en animales que van destinados a consumo humano. Solo pueden usarse con un objetivo terapéutico (curar enfermedades) o zootécnico (para mejorar el bienestar animal) y bajo control veterinario.

Por otra parte, a partir de la aplicación del Reglamento 1831/2003, los antibióticos también están prohibidos como estrategia para incrementar el rendimiento. Cuando se usan medicamentos veterinarios, se establecen tiempos de espera que garantizan que los residuos en los alimentos estén por debajo del límite considerado seguro (LMR), por lo que el empleo inadecuado de antibióticos es un problema, pero no porque estén presentes en los alimentos, sino, como sucede en humanos cuando se hace un mal uso, por la posible aparición de resistencias bacterianas. Por eso, recientemente, el Reglamento 2019/6 ha ampliado las restricciones y no pueden suministrarse de forma preventiva salvo limitadas excepciones. Y esta legislación se cumple: el informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de 2017 sobre residuos veterinarios recoge que el 99,65 % de las muestras son conformes.

¿Qué implica ‘sin lactosa’?

La lactosa es un azúcar naturalmente presente en la leche en una cantidad aproximada de 4,7 g/100 ml. Está compuesta por dos moléculas: glucosa y galactosa, unidas por un enlace. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera un azúcar intrínseco (es decir, el que aparece de forma natural en frutas y verduras enteras frescas y en la leche), por lo que no forma parte de aquellos que se deben restringir en la dieta.

Para digerir la lactosa, nuestro intestino emplea lactasa, que rompe la unión glucosa-galactosa. Los intolerantes a la lactosa no generan suficiente lactasa, por lo que la molécula llega intacta al intestino grueso, donde fermenta por la acción de las bacterias, produciendo los síntomas característicos (diarrea, gases, malestar). Para fabricar leche «sin lactosa» no se elimina este azúcar, sino que se predigiere añadiendo lactasa: de esta forma, la leche tendrá glucosa y galactosa donde antes había lactosa. La cantidad de azúcares será la misma (aunque el sabor es un poco más dulce porque la lactosa tiene menos poder edulcorante). La leche «sin lactosa» no supone ningún beneficio para las personas que no sufren intolerancia, pero su precio es considerablemente superior.

Fructosa, azúcar e hiperactividad

La fructosa es un azúcar simple que la mayoría de las células no puede utilizar como energía y se transforma en grasa en el hígado. El consumo elevado de esta sustancia como azúcar añadido se relaciona con problemas metabólicos y cardiovasculares. En la fruta entera, ese azúcar es intrínseco, por lo que estos efectos adversos no se observanEn el caso de la fruta «no entera» (zumos, por ejemplo) esa fructosa ya se comporta como un azúcar libre y sí se relaciona con efectos adversos.

Imagen: Getty Images

¿El azúcar causa hiperactividad? No hay relación alguna entre el consumo de azúcar y modificaciones en el comportamiento de los niños. La creencia se remonta a los años setenta, cuando el doctor Benjamin Feingold sugirió que eliminar el azúcar podría mejorar los síntomas de hiperactividad, pero es un mito desmentido posteriormente en numerosos estudios.

¿Por qué tengo déficit de vitamina D?

Para saber si una persona tiene déficit de vitamina D, se mide la concentración en sangre de 25-hidroxivitamina D. Sin embargo, no existe consenso al establecer qué valores indican deficiencia: la Academia Nacional de Medicina de EE.UU. establece la normalidad en valores inferiores a 20 ng/ml (nanogramos/mililitro); la Sociedad Española de Investigación Ósea lo aumenta a 30 ng/ml; y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición recomienda concentraciones de entre 30 y 50 ng/ml. Si se toma como referencia el valor de 20 ng/ml, el 37 % de la población tendría déficit, pero este porcentaje aumentaría hasta el 88 % si se emplea el de 30 ng/ml.

La mayor parte de este micronutriente esencial para la salud de los huesos (ayuda en la absorción del calcio) se obtiene por síntesis cutánea (es decir, a través de la piel) a partir de la exposición solar. En España está limitada por la situación geográfica en invierno y primavera, y por el calor excesivo durante el verano. El aporte dietético a partir de alimentos como el pescado azul o los lácteos sirve como complemento, pero, según el estudio ANIBES (2015), la ingesta no cubre las recomendaciones diarias de la EFSA (15 microgramos). No obstante, los suplementos de vitamina D no tienen efectos positivos sobre la salud ósea y no se recomienda su uso a la población general.

Cuidado con los complementos y suplementos alimenticios

Los complementos alimenticios son productos en los que distintos nutrientes se presentan en forma concentrada y con los que se busca completar la dieta. Sin embargo, a pesar de que algunos se atribuyen propiedades saludables, no están sometidos a controles que garanticen su eficacia y seguridad, como sí ocurre con los medicamentos. El mercado se rige por el autocontrol, es decir, la propia empresa es la que garantiza la seguridad del compuesto, y la administración realiza inspecciones y sanciona cuando hay incumplimientos.

De hecho, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recoge en su red de alerta alimentaria las retiradas de complementos alimenticios debidas a la contaminación y recomienda que no se adquieran en canales de distribución no controlados (sobre todo, a través de Internet). AESAN recuerda que no deben utilizarse como sustitutos de una dieta equilibrada y que pueden presentar riesgos, por lo que siempre se debe consultar al médico de su consumo.

Fuente: consumer


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